Historia de nuestro boxeo

 

APROXIMACIONES A UNA HISTORIA SOBRE ELBOXEO COLOMBIANO

 RAUL PORTO CABRALES

(Periodista, investigador, historiador)

                                                           rportoc@hotmail.com

Especial para Portal-box

Desde hace más de 30 años, este periodista se dio a la tarea de reunir información y datos que pudieran servir para preparar un recuento histórico de lo que ha sido la actividad boxística en Cartagena desde sus inicios, tratando de explorar el momento en que la semilla se siembra y germina en el medio.

Un proyecto interesante que nos permitiría llegar al fondo de la verdad, pero encontrando enormes dificultades, toda vez que la búsqueda y recopilación de información es fácil, debido a la carencia total de un registro de este deporte. Sin embargo, la investigación efectuada con paciencia y dedicación en la hemeroteca del Archivo Histórico de Cartagena dirigido por Moisés Álvarez Marín, adelantada minuciosamente sobre una prensa agredida por el moho, la humedad y el comején, nos ha permitido ir encontrando el punto de partida, al consultar los cientos de volúmenes existentes. Además, la visita a espacios documentales de Barranquilla, Bogotá, Medellín y Cali, nos han permitido complementar este trabajo.

Por eso hoy, al iniciar esta serie de crónicas, queremos empezarlas con este trabajo, el cual es nuestro deseo compartir con todos los seguidores al boxeo, no queriendo pretender con esto exigir reconocimiento alguno, sino simplemente querer aportar luces sobre una historia apasionante que a muchos desvela, sobre todo cuando no hay testigos de la época que puedan dar su testimonio. Los invitamos a este ensayo que va a recoger un recuento desde cuando  se presume llegó el boxeo, hasta hoy.

Los albores del boxeo (l)

 EN LA UNIVERSIDAD DE CARTAGENA EMPEZÓ LA HISTORIA

DE LONDRES VINO EL BOXEO 

      A pesar de estar en su furor la contienda política colombiana, los estudiantes de la Universidad de Cartagena tenían otra preocupación y era la de cultivar el cuerpo. Por esa razón, en el claustro se estableció un gimnasio en el año 1898, el cual era dirigido por Andrés Gómez Hoyos y en donde existía implementación para la práctica de varias disciplinas deportivas sin ánimo competitivo. Así, los estudiantes podían practicar la gimnasia, la esgrima, las pesas, los saltos y una cosa rara que le llamaban boxeo.

UNIVERSIDAD DE CARTAGENA

Gómez Hoyos había residido en Inglaterra y allá había tenido la ocasión de conocer el desarrollo del pugilismo, por lo que en ese año decidió traer los implementos y armar un cuadrilátero en el patio de la Universidad de Cartagena. Simplemente lo que hacía era impartir las enseñanzas del boxeo clásico inglés, más que todo como un arte para la defensa personal de sus cultores. A pocos, verdaderamente les atraía, nadie conocía el vasto mundo del pugilismo y quienes lo practicaban, lo hacían más llevados por la curiosidad y el entusiasmo de experimentar con la novedad. Pero la semilla estaba puesta. Pero su presencia es corta, ya que un año después estalla la conocida “Guerra de los Mil Días” y todo se va al traste, porque el recinto universitario es cerrado por seguridad y los estudiantes toman cada uno su rumbo.

MARIALABAJA

Paralelo a lo anterior, hay indicios que el boxeo llegó aún mucho antes, cuando a raíz de la instalación de un ingenio azucarero en 1874 en la zona agrícola de Maríalabaja, por parte del hacendado cubano Francisco Balmaseda, este trajo implementos de Nueva York para que practicaran el pugilismo obreros y empleados, con el fin que se distrajeran en los ratos libres. Todos ellos eran cubanos. Así, esa región de Bolívar tuvo la oportunidad de conocer la práctica de una actividad que a los nativos de esa región, les debió parecer extraña. Sin embargo, eso no pasó de ahí, no tuvo expansión y cuando el ingenio se cerró a los pocos años, la práctica de ese boxeo no dejó ninguna huella. Se podría decir que fue un movimiento aislado que careció de repercusiones.

SURGEN LOS PIONEROS

Diez años después de ese experimento, Gómez Hoyos se va con su bulla para otra parte y acondiciona un salón en una de las casonas de la calle Cochera de Hobo en el barrio San Diego, para la práctica del boxeo. En ese sitio se empezaron a darse cita varios jóvenes de las clases alta y media de la ciudad, con el fin de recibir sus instrucciones y enseñanzas.

Entre esos personajes, se cuentan a Alejandro Amador y Cortés, Antonio Segovia, Fernando Tinoco, Manuel Núñez Plata, Gustavo Maciá Del Castillo, Luis Carlos Delgado, Benjamín Baena Beltrán y Gabriel Jiménez Molinares, quienes con el fin de demostrar sus adelantos dentro del noble arte y difícil deporte, hacían topes ante los carretilleros del mercado y los tira bultos del muelle, quienes servían como conejillos de Indias para estos discípulos de Gómez Hoyos. Fácilmente se podrá suponer que podía pasar en esos desiguales combates entre la ciencia y la fuerza bruta.

Así mismo, para ese mismo año de 1908, funcionaba en el barrio El Cabrero el “Cartagena Tennis Club”, dirigido por Enrique Grau, Antonio Araújo Jiménez y Luis Felipe  De Zubiría, entre otros, el cual contaba con equipos completos de boxeo, béisbol, esgrima, tenis y basquetbol.

Se tiene conocimiento que en el año 1914, se lleva a cabo en Barranquilla una función boxística, realizada en el salón principal del Club Social ABC, en la que se enfrentaron el local Venancio García y el cubano Otoniel Balcera, en la división del peso pesado, pleito que ganó este último.

Ya para el año 1915, el profesor E. A. Fernie, enseñaba boxeo en el colegio Martínez Olier de la calle del Cuartel, un establecimiento educativo que tenía nivel universitario y en donde existían cátedras de Derecho, Filosofía, Comercio y Odontología. En los avisos de prensa de esa época, el colegio promocionaba la instrucción del pugilismo para aquellos que deseaban ingresar.

El periódico “La Época” de Cartagena, da cuenta en su edición del 5 de junio de 1918 de la llegada a la ciudad del boxeador bogotano Emilio Cabral, a quien señala como un pugilista que ya ha hecho demostraciones en Bogotá y el 14 informa que se enfrentará el domingo 16 a un “peligroso antillano” en la función nocturna del teatro Variedades, acompañada la función, con la película “Ideal”.  Lo lamentable del asunto, es que en las posteriores ediciones del aludido periódico, no se menciona para nada el resultado del combate, si fue que se hizo.

EL GIMNASIO DE EL BOQUETILLO

Andrés Gómez Hoyos no desmayaba en sus ideas e iniciativas, y es así que en 1921, en compañía de Manuel Núñez Plata, uno de sus discípulos, adelantan el proyecto de fundar un establecimiento para la práctica del boxeo, la gimnasia y la esgrima. Para ello adquieren un lote de terreno a la orilla del mar, comprado al “Mono” Ríos, de acuerdo a lo que señala Igapé en su obra  “Luces sobre el ring”, en el sector del desaparecido barrio del Boquetillo, donde hoy se encuentra el monumento a los Alcatraces en la avenida Santander.

El presupuesto de gastos para ejecutar la obra fue de 6 mil pesos y el local habilitado era un rectángulo de 21 metros de largo por 10 de ancho, de concreto armado y con todas las exigencias de las construcciones modernas. Señalan los comentarios que se hacían del proyecto, que en el interior tenía 16 como los palacios romanos, dos amplios y extensos corredores externos y un gran número de ventanas para la ventilación, aprovechando las refrescantes brisas marinas.

Toda la implementación fue traída de los Estados Unidos y en 11 huacales llegaron todos los equipos y aparatos para darle vida a una idea que toma simpatía en los principales colegios de la urbe, como La Salle, La Esperanza y San Pedro Claver, quienes empezaron a enviar a sus alumnos a recibir instrucción, además del apoyo personal y oficial del gobernador de ese entonces

EMPIEZA EL INTERÉS

Lo anterior trajo por consecuencia que gente del pueblo se fuera acercando por pura curiosidad a conocer la octava maravilla. En un villorrio como lo era Cartagena, con solo 45 mil habitantes, la voz se regó como pólvora y hasta del Getsemaní venían a conocer y admirar la obra, lo que provocaba los roces con los de San Diego, barriadas enfrentadas por cuestiones étnicas y culturales.

Y así, sin querer, se fue empezando a cocinar el germen del boxeo y a cruzarse las primeras peleas sin ninguna reglamentación y organización y las murallas se fueron convirtiendo en escenarios naturales para dirimir las disputas, costumbre que prevaleció hasta hace unos 30 años, cuando se formaban las famosas “tortas”.

Muchos años después, a principios de la década de los años 20 del siglo pasado, el bogotano Rafael Tanco – procedente de los Estados Unidos – trae una implementación y revoluciona a Bogotá, al empezar a hacer exhibiciones en la fría capital y llamar la atención sobre la singular práctica.

LA CHISPA

El 2 de julio de 1921 tiene lugar en Jersey City el pleito titular de los pesos pesado, entre el campeón Jack Dempsey y el retador francés Georges Carpentier, pelea que despertó notable interés en el mundo y hasta acá llegaban las informaciones sobre sus preparativos. Eso trajo por consecuencia que los periódicos publicaran notas sobre el deporte del cual nunca jamás se había hablado de él en la ciudad, y se fue despertando algo que estaba dormido, que se convirtió en plato del día y de la noche, revolviendo el avispero. Fue el detonante que prendió la mecha, y se empezó a hablar de golpes, de nockout, de campeonato y pare de contar. Fue algo que llegó como una avalancha y se apoderó de todo aquel de espíritu pendenciero. En las calles se hablaba otro lenguaje y la prensa decía que a Cartagena “había llegado otra peste”.

El interés y el entusiasmo se empezaron a tomar a los habitantes de las principales capitales, y fue así que Bogotá se dio el lujo de hacer la primera velada de boxeo profesional que se tenga memoria en el país. El hecho ocurrió el 5 de agosto de 1921, en el teatro Olimpia, el escenario de mejor importancia en la ciudad capital, que se vio colmado por 4 mil espectadores ávidos de presenciar por primera vez en su vida una lucha a puñetazos. La boletería se agotó y los revendedores hicieron de las suyas. Los actores principales fueron el señor Rafael Tanco y un súbdito belga llamado René Van Hoorde. El primero ganó 2 mil pesos y el europeo, que era oficial de caballería del ejército belga, ganó la mitad. La pelea la definió el bogotano en el segundo asalto.

Este combate surgió de un desafío que el belga, a través de una carta, le hacía a Tanco y este se puso en contacto con los administradores del Olimpia para que hicieran de empresa. Estos analizaron la propuesta y pensaron que eso era un buen negocio. Empezaron a promocionar la pelea, la gente se entusiasmó, agotó la boletería y así se levantó una afición.

La noticia del acontecimiento bogotano se regó como pólvora y al poco tiempo Cartagena, Barranquilla, Santa Marta, Medellín, Cali, Manizales, Ar­menia y Bucaramanga hacían su primera experiencia, con pugilistas chilenos, principalmente.

LAS PRIMERAS VELADAS

Al día siguiente, el 6 de agosto de 1921 – sábado – la compaña de los hermanos Párraga, especialista en presentar corridas de toros, películas, óperas y zarzuelas, se convierte en la primera empresa en acometer el montaje de una velada boxística en Cartagena, al presentar ante un numeroso público en horas de la noche en el viejo circo de toros, el encuentro entre el español Ciro Buendía y un gringo llamado Walter Wheat, la cual tuvo un éxito económico inesperado. La pelea fue ganada por el súbdito americano por KO, aunque se ignora el asalto.

Lo anterior produjo un cambio en la gente, creció el interés y los empresarios abrieron inscripciones para aquellos interesados en el pugilismo. En 15 días, ya lo habían hecho 20 parejas, lo que llevó a que el periódico El Porvenir  dijera que “la llegada del boxeo a Cartagena provocó que en mitad de la calle, en los zaguanes de las casas, en las murallas, en los paseos públicos y en todas partes, se encuentran chicos con las manos puestas en guardia para asestar el famoso golpe de KO al primer transeúnte, sin respeto ni consideración por nadie. Estamos progresando”.

Con la experiencia anterior, los Párraga programaron para el 22 de agosto – lunes – su primera gran cartelera, con tres pleitos internacionales y utilizan como táctica para entusiasmar a los habitantes, a una banda de músicos chupacobres quienes a bordo de una “chiva”, tomando gordolobo (un ron ordinario) y sonando sus instrumentos, eran transportados por las calles del “corralito de piedras”, anunciando los encuentros que se iban a realizar esa noche.

Ciro Buendía, con 12 libras menos que su rival, logró empatar ante un peleador incógnito, cuyo nombre nunca se supo; Aureliano Tejada, el primer púgil cartagenero que pisaba un ring, con 145 libras, fue fulminado en dos asaltos por Walter Wheat; y el gringo Richard Bruce, ganó en dos vueltas al mejicano Carlos Braon, al ser este descalificado por propinar un golpe en la nuca.

Las crónicas señalan, que el árbitro de los combates lo fue Fernando Tinoco Bernal, uno de los discípulos de Gómez Hoyos y siendo director de encuentros William Rodgers. Se llegó a notar un apasionamiento del público contra los norteamericanos, terminan diciendo aquellas notas. Dos días después del acontecimiento, el periódico La Patria publicaba el reglamento francés del boxeo, lo primero que al respecto se conocía en Cartagena.

Luego, mediante el Decreto 372 de la alcaldía de Bogotá se reglamentaba el boxeo, el día 25 de agosto de 1921.

 

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